Lejos.
Estamos lejos muy lejos de cuando gastaba las hojas y los creyones en hacerme visible. Estamos lejos muy lejos de oírte recitar las palabras de otros y pensar que eran sentimientos tuyos. Estamos lejos muy lejos de pararme en el borde de la locura y verlos pasar agarrados de manos, como si nada. Estamos lejos muy lejos de los retazos, los fragmentos, de las ideas que no éramos. Estamos lejos muy lejos de hacer sufrir en el nombre del Padre, del Hijo y de dos orgasmos, en un sacrilegio inútil. Estamos lejos muy lejos de intentar volver donde nunca estuvimos, inventándonos eufemismos en retrospectiva para adornar un cuento vulgar. Estamos lejos muy lejos, menos mal.