La miss.
Después de varias vueltas, vi que se sentó en una de las sillas de la explanada. Ni siquiera estando sola se dejaba seducir por los accidentes, todo lo que hacía era deliberado. Había sacado del bolso un cuaderno pesado de hojas blancas, no lograba distinguir si escribía o trazaba, pero la tarea la consumía completamente. Ese día, el sol se paseaba por las pantorrillas desnudas, su pie derecho entraba y salía de la zapatilla. Era un momento de desnudez distraída. Creo que por eso nos impresionó que llegara de vestido la primera vez. La mayoría de los profesores parecen llevar uniforme aunque vayan de particular. Ciertamente era su caso: siempre en jeans y cualquier top. No era fea, aunque no creo que le habría importado demasiado serlo. Era el tipo de persona etérea que puede fácilmente cargar con cicatrices, manchas o estrías. Pero aquella mañana nos habían azotado un par de piernas demasiado blancas. Alguien debió haberle preguntado, yo jamás me atrevería. "Tengo cal...