Posts

Showing posts from July, 2021

la carta.

Una de mis mejores amigas hizo durante la semana un curso en línea sobre desarrollo del amor propio.  Cada día de la semana había una nueva tarea y, la de la última sesión, fue escribir una carta de amor para ella misma. Aquí va mi espeluznante intento de cumplir con esta actividad. Después de todo, llevo 34 años conmigo misma y nunca me he escrito nada.  Yose, Cuando empecé a escribirte esta carta, quise pensar en qué tipo de carta te gustaría leer. Ciertamente, nada que se pareciera a la correspondencia cursi de tiempos pasados, nada en verso, nada en físico que pudiera (y aquí nos dio escalofríos) ser sellado con un beso de labial rojo o rociado con cantidades insólitas de algún perfume frutal nauseabundo.  Me atrevo a decir que lo que más te impresionaría, sería la especificidad. Ya lo dijo Octavio Paz: la diferencia entre estar enamorado o no, es que no da lo mismo esa persona o cualquier otra. Además, uno de los fetiches más conocidos de los docentes es encontrar a ...

la increíble cualidad de armar "un p!nche drama"

Hay un estereotipo generalizado de que las mujeres, a diferencia de los hombres, somos controladas por nuestras emociones. Si no me cree, nada más tiene que detenerse a pensar cuántas bromas existen sobre las mujeres no pudiendo presidir una nación porque "revelarían secretos de Estado cuando 'estén en sus días'". Además, es un estereotipo muy útil, porque esa misma emotividad que nos hace candidatas inaceptables para funciones de liderazgo, también implica que somos "buenas madres", "mejores con los niños que los hombres", "entregadas", "abnegadas". Nada mejor que matar dos pájaros con una misma pseudociencia, ¿no? No que la menstruación no afecte nuestro ánimo, por supuesto que lo afecta, al igual que nuestra temperatura corporal, retención de líquidos, patrones de sueño y muchas otras consecuencias posiblemente más salvajes que yo poniéndome a llorar porque vi un video de un cachorro. Con todo, así como tener una semana de do...

la mañana.

Este cuento me lo traje de 2016. Creo que en esa época yo también quería asegurarme de que el tiempo me traería perspectiva. Pero esa es otra historia:  Cuando su nieta entró en la cocina como una exhalación, Maita ya tenía dos horas despierta. Eran las 7 a.m. y la octogenaria llevaba 30 minutos sorbiendo la misma taza diminuta de café. En realidad, debía tener un aire místico, envuelta en mantas tejidas, hipnotizada por aquel día que apenas empezaba, y recordando solo esporádicamente la bebida oscura. Cierto es que el café era una excusa, lo único que buscaba ella era poder sentarse un buen rato junto a la ventana para observar. Una mujer de esa edad no necesita nunca una justificación, principalmente porque el mundo dejó hace años de tener expectativas sobre el uso que debería dar a sus horas, pero Maita era una mujer rigurosa. Sin el café, habría parecido que era una anciana desvelada más. Inaceptable. Esa taza era la prueba de que su día comenzaba, voluntariamente, a las 5 a.m....