la bolsa Jumbo de Tostones Don José.
Los últimos meses que pasé en Venezuela, en 2016, fueron malos. No fueron tan malos como podrían haber sido, por supuesto, pero mi vida era un conjunto de rutinas absurdas. Una de ellas era la dieta de panadería. Ya en ese punto, las idas al supermercado eran misiones maratónicas y yo no podía darme el lujo de perder horas de mis días por un paquete de Harina PAN o un shampoo que no habría comprado en circunstancias normales. Así que me volví recolectora en lugar de cazadora. Siempre podía confiar en encontrar un pan andino en la panadería, que dividiría en varios pedazos, cada uno un desayuno. A veces, había galletas María. Otras, me compraba la bolsa Jumbo de Tostones Don José. Esa bolsa eran dos cenas. Desde afuera, parecía la dieta despreocupada de una chica universitaria sin mucha imaginación. En realidad, aquella combinación de alimentos era la señal más clara de la crisis. Creo que a cualquier adulto con maestría le gustaría tener la opción de no cenar la mitad de una bolsa...