la identidad y Sound of Metal
Hace algunas semanas vi la película "Sound of Metal", me llamó la atención porque habla sobre la comunidad sorda. Sin embargo, no creo que sea éste el tema que mejor explora. Yo la interpreté como un estudio sobre la identidad y el caos.
La película muestra un duelo grave, el duelo de alguien que pierde una pieza fundamental de sí mismo: imagínese ser músico y quedarse sordo, de un día para otro, sin explicación aparente. Honestamente, este tema removió uno de mis miedos más voraces: la pérdida, por supuesto. Pero más que eso, la pérdida repentina.
Hace algunos años, mi papá tuvo un accidente cerebrovascular. Ese momento es, sin duda alguna, lo más devastador que me ha pasado, aunque no me pasara a mí. No solo estaba lejos de él y sin posibilidad de acompañarlo, enterándome de cómo seguía cuando el pésimo internet venezolano lo permitía, sino que abrió la puerta hacia temores que yo no había siquiera considerado. Me sentí como el niño que vive por primera vez la muerte de un ser querido. No olvidamos fácilmente el primer acercamiento a la mortalidad. Hasta ese punto, morir es un verbo de gente lejana, fantasmas borrosos en sus cavernas, apagándose. Hasta ese punto, nuestra familia es inmortal.
El ACV de mi papá me hizo, por primera vez, desconfiar de mi propia mente. Me obsesioné con las metáforas más venenosas: una bomba de tiempo, el interruptor que pasa de ON a OFF, el silencio abrumador de caer sin aviso en un líquido espeso, el portazo, un trueno. Hasta la fecha, los dolores intensos de cabeza me desatan crisis de pánico, pero es mucho peor si reconstruyo el relato de lo que ocurrió aquel día, porque no hubo realmente un intenso dolor de cabeza.
El azar y el caos nos desestabilizan como especie, creo que si no fuera así, no seríamos tan propensos a creencias religiosas. Nos inventamos conceptos interesantes, como el karma, para convencernos de que lo que pasa "nos lo merecemos" Repetimos "al que actúa bien, le va bien" cual mantra, y eso nos permite configurar una alarma antes de dormirnos. Eso nos permite apostarle a algún tipo de control, orden y sentido de la existencia.
Yo no me lo creo. Creo que la existencia sí es caótica, azarosa y desprovista de intención. Tengo que creerlo, porque un día mi padre estaba en su sala y, al día siguiente, en una Unidad de Cuidados Intensivos, con la mente en plena metamorfosis. Tengo que creerlo, porque hay gente que un día toca un instrumento y al siguiente, solo encuentra mutismo. La bomba de tiempo, el interruptor, el líquido espeso, el portazo, el trueno.
Sé que el pánico que me genera este tipo de pérdida es no haberla vivido realmente. He perdido hogares, trabajos, países y personas, pero no es igual: las personas jamás podrían ser mías. Pueden acompañarme, pero no constituirme. Nunca he perdido una parte fundamental de mí. Viendo "Sound of Metal" desde la comodidad de mi ombligo, solo me preguntaba qué haría yo si me pasara a mí. Si un día yo, profesora de idiomas, dejara de percibir sonidos. Si un día mi propia mente quisiera olvidar quién soy o, más específicamente, lo que sé...que muchas veces termina siendo lo mismo.
¿Qué haría? Pero, más allá de eso ¿Quién sería?
Comments
Post a Comment