las niñas de su casa y Colette se confesse
No sé si es una costumbre de quienes somos propensos a la soledad, pero una de las cosas que más disfruto es escuchar podcasts. Hay un atractivo incomprensible en esas voces incapaces de interacción, que me acompañan a cocinar, me facilitan la titánica tarea de pasar media hora en la bicicleta estacionaria y comen conmigo. Sus presencias lejanas no solo me tranquilizan, sino que también me han permitido reflexionar sobre una variedad de temas que no es despreciable. Así que hoy quiero escribir sobre mi último descubrimiento: el podcast erótico "Colette se confesse".
Es un podcast en francés, con episodios de aproximadamente 20 minutos, durante los cuales Colette narra diferentes aventuras eróticas o sexuales. Me cuesta describir las narraciones, pero creo que la mejor manera de hacerlo sería que son relatos de una mujer que genuinamente disfruta el sexo desde la sensualidad, que se reafirma apropiándose de su deseo y que entiende la belleza posible en una noche casual, en una noche sola o en un día de tren.
Mas allá de eso, fue un descubrimiento no solo por haberlo encontrado fortuitamente, sino también porque jamás en la vida se me habría ocurrido pensar que lo disfrutaría.
Pongámoslo en términos intelectuales:
Soy profesora, y entiendo que el estilo de aprendizaje que cada quien tiene es mucho más que una estrategia escolar, es una manera de experimentar la vida. Hay gente que hace, gente que escucha atentamente, gente que observa, etc. Dicho esto, mi forma de vivir el sexo nunca ha sido predominantemente auditiva, sino visual, y esto tiene una clara explicación.
Mejor me acuesto cómodamente en el diván para este viaje al pasado.
Yo viví mi infancia a principios de los 90s. Nadie me lo dijo, pero supe desde muy temprano que había en algún lugar, impresa y notariada, una lista de cosas que las "niñas de su casa" no hacen. Ser una "niña de su casa" era el objetivo, por supuesto, porque las alternativas eran palabras espantosas: ser una callejera, una puta, una regalada o una meretriz, palabra obsoleta y extrañamente específica, pero que yo escuché abundantemente mientras crecía, como caracterización de una mujer "demasiado" entregada a sus pulsiones (Freud, sal de este teclado).
Volviendo al tema, algo que las "niñas de su casa" definitivamente no hacían, era ver porno. Ese era un pecado silencioso que solo se toleraba en los hombres, porque claramente eran ellos los únicos con autorización social para definirse como seres sexuales. Las "niñas de su casa" tenían la supresión del deseo como un deber sagrado, es que más vale himen intacto que miles de rumores volando.
Al final, sin embargo, la gente es como es y le interesa lo que le interesa, así que yo usé mucho de mi infancia y adolescencia en coleccionar Barbies, pero cuando llegó el momento de interesarme por el sexo, pasé de ser una "niña de su casa" a ser una niña que veía porno...en su casa.
Claro, no tenía yo a los 15 años el nivel de descaro que tengo a los 34, ni intenciones de empezar la revolución por la liberación sexual femenina. Así que veía el soft porn que tenía disponible, en silencio absoluto, a altas horas de la noche.
Tal vez los humanos no podemos realmente luchar contra la costumbre, porque iniciarme de esa manera, en mutismo total, hizo que el audio de las películas pornográficas se me hiciera, francamente, insoportable. Entiendo que la mayor parte de ese contenido se hace teniendo en cuenta lo que tradicionalmente un hombre heterosexual podría encontrar excitante, pero, en particular, me corta(ba) muchísimo la nota aquella confusión de gemidos estruendosos que más parecían escena del crimen.
Nada que ver.
Yo veía o leía...pero jamás escuchaba. Hasta que llegó Colette en toda su complejidad, con una trama de tonos e intensidades ques sí me hicieron frissonner, frases como :
"Il me serre tellement fort, que j'ai l'impression de lui avoir manqué"
"Alors, j'ouvre la porte de mon appartement et je retiens mon souffle. J'ai chaud. Je suis toute...mouillée".
"L'idée, c'est pas de trouver 'truc qui marche', mais c'est de trouver toute une magie de combinaisons qui fait que le plaisir du coup devient vraiment entier".
"Ça me rend...dingue".
Oui, moi aussi.
Definitivamente, ya no tengo 15 años. Menos mal.
No puedo determinar de qué manera mi sexualidad habría sido diferente si no hubiera empezado a vivirla desde la restricción y el mutismo. Tampoco es esta una oda a la pornografía. Ese es un tema demasiado extenso como para cubrirlo en dos anécdotas. Le recomiendo el podcast si usted es un adulto responsable y curioso que quiere probar algo nuevo y practicar francés. Pero hasta ahí.
Este último punto me parece importante, porque de ninguna manera la fascinación sensual hace que no le vea a la experiencia provecho académico. Lo cierto es que los cursos de idiomas nunca tocan el lenguaje del sexo. Se aprenden las partes del cuerpo, por supuesto, uno que otro verbo polivalente que también sirve en ese contexto, los adjetivos formales del tema, pero nada acerca del sexo como una situación lingüística a la que podríamos efectivamente enfrentarnos en algún momento. No sé si es pudor, pesimismo o falta de tiempo en el programa, lo que sí sé es que los recursos abundan para remediar esa carencia. Colette es uno.
De resto, realmente no sé quién lee estas divagaciones, pero podría haber alguien rondando que necesite ver noir sur blanc que la gente tiene derecho a conocerse, a aprender el francés que no está en los libros de idiomas, y a cambiar de opinión sobre lo que le gusta o no en cualquier ámbito.
Sobre todo, va siendo tiempo de jubilar la expresión "niña de su casa". Al menos así podríamos encargarnos de una de las muchas formas en las que el lenguaje ha sido configurado para encerrar a la gente en culpa y decirle que esa es "su casa".
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