las palabras que no suenan.
No sé en qué momento la gente empezó a ignorarme.
Sin duda, hay interacciones de las que no esperas nada. no voy a echarle el cuento del podcast que escuché a la cajera del banco. Adivino sin dificultad que más allá de no interesarle, le molestaría enormemente tener que gastar sus arduos silencios condescendientes en mí.
No sé cuándo empezaron a quedarse amontonadas en mi garganta las cosas que a nadie más logran interesarle ¿Por qué no le interesan a más nadie? Hoy miré de frente a un grupo de 30 adolescentes, 30 maneras distintas de ignorarme. Tal vez con hastío, tal vez con idiotez generacional, tal vez sin límites claros en sus casas, pero sobre todo, 30 decisiones individuales de ignorar todo lo que decía. Si hubiera sido una revolución del colectivo, tal vez habría dolido menos. Una masa homogénea de 30 pupitres mirando a la pared, contra la tiranía del francés. La protesta es un acto de valentía, un esfuerzo común. Lo que estaba yo viendo parecían 30 accidentes. Casuales. Simplemente las palabras no conectaron nunca y una a una se fueron apagando las luces, desviando las miradas. "No te queremos incomodar, pero lo que dices no logra importarnos aunque la nota dependa de eso" ¡Qué alivio habría sido ser profesor en los años 80 y no preocuparme nunca por si los ojos que no se apartan de mí sienten miedo o interés!
Lo más patético del caso, es que yo pensaba que lo que decía era de lo más revelador. Ciertamente más que aprender a ponerse un cardigan al revés en TikTok. Seguramente...¿No? Tal vez la diferencia entre el consejo de voltear el cardigan y mi discurso sobre la educación en Francia, sea la inmediatez del frío. Por eso me dije: hablemos. Los adolescentes quieren sentir que tienen algo que aportar en la conversación. Pero la conversación es tiempo libre ¿Qué podría pasar si me la pierdo? Nada ¿Quién escucha a un profesor por gusto? Pero, esperen, hay un punto. Estoy tratando de, estoy, sí, por eso, como dijo Diego, escuchen, el punto era...
El punto era una palabra que no suena. Sin eco. No chocó contra ninguna mente. No vibró en ningún lugar. Se fue a morir en el barullo. Se fue a morir en mi cansancio, porque las mejores intenciones también se desmoronan.
¿Para qué?
Al menos, hay otra gente en mi vida que tal vez quiera saber sobre el podcast de Binge Audio. Mejores audiencias, sin deberes de por medio, a la misma altura. Una mirada, cualquier canción que suena. Otro tema. Nuevamente, palabras que parecen borradores.
No sé en qué momento dejé de poder venir a casa. Parece que estoy hecha de palabras perdidas.
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